El sabor de la nostalgia: estas son las gaseosas creadas por migrantes peruanos que triunfan en Argentina | CRÓNICA

Durante los años 90, miles de peruanos migraron hacia Argentina atraídos por el tipo de cambio. El ‘1 a 1’ entre el peso y el dólar para muchos compatriotas significó una oportunidad para reescribir historias. Según los censos, en esa década se pasó de 16 mil a 90 mil residentes.

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Instalados en Buenos Aires, a cuatro mil kilómetros de sus afectos, muchos buscaban reconectarse con las raíces a través de sabores familiares. Carlos Echevarría identificó esa demanda, y en 1998 obtuvo la licencia para importar Inca Kola. Tres años después, Argentina atravesaría una de sus peores crisis económicas. “Se acabó la convertibilidad, el dólar saltó de 1 a 4 pesos. Ya era imposible importar”, recuerda el empresario peruano radicado en la tierra del tango.

Con la devaluación, el valor del producto quedó muy lejos de los bolsillos del público. Significó el final de las importaciones para Carlos, pero también fue el estímulo para activar una tarea pospuesta: crear su propia gaseosa amarilla. “Había que generar una marca ‘identitaria’”, dice. Así nació La Chola de Oro, la bebida pionera en este rubro en Argentina.

Por su trabajo como importador, conocía las diversas líneas de desarrollo del producto. Fueron años de preparación, que incluyó trasladar de Lima a Buenos Aires a un químico ‘saborista’. “Me ayudó a seleccionar el agua y la fábrica dónde embotellar. Me dijo que esos eran los dos requisitos esenciales para aproximarse al sabor de la Inca”, menciona.

La prueba de fuego se dio el día de las elecciones presidenciales del 2006. Parecía el escenario perfecto para presentar el nuevo producto, ya que miles de compatriotas se concentrarían en pocas cuadras. La acogida fue masiva. En cuestión de horas agotaron 15 mil botellas. “Desde ese día no he parado de producir”, apunta Echevarría.

Con el transcurrir de los meses llegaron pedidos de residentes peruanos de Rosario, La Plata, Córdoba, entre otros puntos de Argentina donde se corrió la voz de una nueva gaseosa amarilla que recuperaba el sabor nacional.

Máncora es un emprendimiento de la familia Atoche en Buenos Aires. [FOTO: ÓSCAR BERMEO].
Máncora es un emprendimiento de la familia Atoche en Buenos Aires. [FOTO: ÓSCAR BERMEO].

Hoy, trabaja con distribuidores que se encargan de poner el producto en bodegas, bares y restaurantes. En verano puede llegar a movilizar más de 200 mil botellas. Una buena parte de ellas son adquiridas por otras colectividades. “Hay un millón de bolivianos en Argentina y son clientes importantes”, anota el empresario, a quien también contactaron peruanos radicados en Japón y Europa, pidiendo la franquicia.

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La buena recepción del público argentino, que ya vincula la comida peruana con la gaseosa amarilla, no ha modificado su intención inicial. “Nuestro objetivo sigue siendo el consumo popular, con precios accesibles y respetando el sabor”, precisa. Por ello prioriza la presentación de dos litros y cuarto, la cual comercializa entre los mayoristas a 500 pesos (cinco dólares) el ‘six pack’.

Para Carlos, La Chola de Oro más que un negocio es también un camino para hacer patria. “Es una marca que habla de identidad, que representa nuestra cultura en Argentina”, concluye.

UN TRABAJO EN FAMILIA

El negocio culinario es una de las principales salidas económicas de los migrantes peruanos en Argentina. Según un estudio de Paloma Oliver y Gabriel Rotbaum, solo en Buenos Aires se contabilizan más de 300 restaurantes de comida peruana. Los hay para todos los bolsillos: de alta gama, bodegones tradicionales y populares.

El posicionamiento internacional de nuestra gastronomía contribuyó a que el universo de comensales crezca exponencialmente. En cada uno de estos locales, la bebida amarilla tiene un lugar privilegiado. En muchos de ellos, encontramos el envase de Máncora, una gaseosa amarilla que emula el característico sabor peruano.

Este proyecto familiar liderado por Elizabeth Atoche, junto a su esposo, tuvo su debut el 28 de julio de 2014 en la celebración de fiestas patrias organizada en las calles de Buenos Aires. “Antes de lanzar el producto hicimos un estudio de mercado para identificar los sectores que no estaban abastecidos”, refiere la empresaria piurana.

El primer año fue de mucho trabajo de campo. Recorrieron puerta a puerta a potenciales clientes, repartieron volantes y el ‘boca a boca’ entre los compatriotas se fue esparciendo. Hoy distribuyen a través de mayoristas que les permiten llegar a Buenos Aires, Rosario, Córdoba, Mendoza y Mar del Plata.

Sin embargo, las decisiones de la empresa siguen concentradas en el seno familiar. “Somos 6 y cada uno cumple una función”, señala Atoche.

Alrededor de 300 restaurantes peruanos operan sólo en Buenos Aires. El fenómeno gastronómico de nuestro país ha repercutido en la tierra de Carlos Gardel.
Alrededor de 300 restaurantes peruanos operan sólo en Buenos Aires. El fenómeno gastronómico de nuestro país ha repercutido en la tierra de Carlos Gardel.

CRECER A CONTRACORRIENTE DE LA ECONOMÍA

Han sabido capear las tormentas de la inestable economía argentina. El país cerró el 2020 con una inflación anual del 36%. La empresaria refiere que si bien “estamos atentos a no bajar la calidad del producto pese a la corrida de precios” esta volatilidad les impide sumar más tamaños. Actualmente comercializan la familiar (2 litros y cuarto) y no establecen un precio fijo de venta. “El cliente tiene la posibilidad de poner el precio que se ajuste a sus necesidades, fluctúa entre 120 y 180 pesos”, anota.

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Pero, la inflación no detiene que se expandan por otros lados. Ya comercializan la Máncora roja, que es un gusto familiar para el mercado argentino. Ahora se alistan para un salto mayor. Los lanzamientos de la marca Máncora para este año serán un panetón hecho ‘a la peruana’ y una mazamorra morada en polvo.

Eso sí, la estrella sigue siendo la cola amarilla, aquella que es ‘indesligable’ de nuestra gastronomía. “Si vas a comer un ceviche no te vas a tomar una bebida de manzana o pomelo, tiene que ser una gaseosa amarilla”, apunta Atoche, es una forma de llevar el Perú contigo.

[Óscar Bermeo es colaborador de El Comercio. Escribe desde Argentina].

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